De la mujer y los retos para el 2021

Por Eduardo Rivera Santamaria
ene. 5º 21


El año 2020 concluye con un sabor amargo, pero, en definitiva, deja evidenciada la fragilidad que tenemos como humanidad y la necesidad de seguirse deconstruyendo para aceptar los cambios como aprendizaje. Si puedo definir lo que siento al concluir uno de los años más caóticos de la edad contemporánea, debo enfatizar un anhelo por seguir abriendo la mente a nuevas ideas que transformen mi panorama.

En esencia, el año que cierra nos arrojó un remolino de incertidumbres al que tuvimos que adaptarnos mental y materialmente, en el ámbito social, por ejemplo, el papel de la mujer protagonizó los fenómenos político y económico, desenvolviéndose en la exigencia de derechos en ámbitos que contemplan la paridad de género, la equitativa participación laboral, el libre desarrollo de la personalidad, la interrupción legal del embarazo, etc...

Y es que el movimiento que encabeza la mujer ha sido el motor ideológico que ha moldeado la sociedad los últimos años, adquiriendo mayor fuerza por su difusión y visibilización, no obstante, aún quedan bastantes metas por lograr en la lucha por una dignificación de la participación femenina en todos los ámbitos de la percepción cultural.

Considero que los retos a enfrentar siguen siendo los mismos de hace mucho y que los hombres debemos colaborar en dinámicas que permitan desarrollarnos en conjunto. Tan solo en el ámbito económico, el ejercicio del comercio local entre las comunidades tiene como columna vertebral la capacidad de las mujeres para “vender de boca en boca”, una habilidad que los hombres debemos, no imitar, sino impulsar.

Por otra parte, un nuevo peldaño por escalar es el modelo de negocios que ha mutado a plataformas digitales. Según cifras obtenidas de IDC (International data Corp.), derivado de la contingencia sanitaria por el virus del SARS-CoV-2, en México se presenció un crecimiento del 60% en el comercio electrónico durante el año 2020, dejando abierta una puerta que se presenta novedosa tanto para hombres como mujeres, en la cual existe la posibilidad de colaborar en una sistematización más meritocrática y con una participación equitativa de género.

Es necesario aprender a escuchar, vislumbrar las aportaciones que hace la mujer en sus diversos papeles: madre, pareja, hija, estudiante, funcionaria, trabajadora, etc… Lo único que permitirá una real inclusión y dignificación de la función femenina en la sociedad, es la apertura para tratar los problemas que le aquejan desde su voz, sin ser interrumpida, minorizada o ridiculizada.

Cierro con el anhelo que compartí de inicio: las nuevas ideas llegan a fracturar nuestra comodidad, pero dejan, a cambio, un terreno fértil en donde ha de crecer el entendimiento y la sabiduría.